La inteligencia artificial abre nuevas oportunidades para el aprendizaje, la creatividad y el acompañamiento educativo, pero también plantea riesgos relacionados con la desinformación, la dependencia emocional y la pérdida de autonomía cognitiva. Jorge Flores, fundador y director de PantallasAmigas, reflexiona en el podcast Mejor Conectados de Telefónica, sobre cómo acompañar a adolescentes en el uso responsable de estas herramientas y ofrece propuestas para familias y docentes.

Jorge Flores educar para el uso responsable de la inteligencia artificial en la educación, en el podcast Mejor Conectados de Telefónica
La IA: una disrupción que transforma nuestra relación con la tecnología
Desde su experiencia al frente de PantallasAmigas, organización nacida en 2004 para promover el uso seguro y saludable de las tecnologías, Jorge Flores destaca que la inteligencia artificial supone un cambio de gran alcance respecto a otras innovaciones digitales.
«Desde 2004 hemos visto cómo las nuevas tecnologías han ido tomando espacio en nuestra vida. Con la llegada de la IA, la verdad es que el paradigma ha cambiado totalmente. No es una transición, una disrupción como otras anteriores».
El director de PantallasAmigas identifica tres características que explican esta transformación: su rápida expansión, la facilidad de acceso y su aplicación transversal a prácticamente todos los ámbitos de la vida. En sus palabras, «su penetración ha sido muy grande y muy rápida», «no tiene barreras de entrada, es muy sencilla y multimodal» y «su aplicación es tan transversal que realmente está presente y la podemos aprovechar en todas las facetas de nuestra vida».
Ante este escenario, la respuesta no debe consistir en rechazar la tecnología, sino en aprender a utilizarla con criterio. Como señala Flores, la finalidad es «aprovecharnos de ellas minimizando esas consecuencias potencialmente negativas».
¿Cómo utilizan la inteligencia artificial los adolescentes?
El uso académico constituye una de las principales puertas de entrada de la IA en la vida de adolescentes. Estas herramientas pueden ayudar a comprender contenidos, resolver dudas, preparar ejercicios y practicar conocimientos. Sin embargo, también pueden convertirse en un atajo que sustituya el esfuerzo necesario para aprender.
Flores explica que la utilizan «principalmente como apoyo en su ámbito académico», aunque reconoce que «a veces quizás para coger atajos y eso tendremos que trabajarlo». Frente a ese uso, destaca las posibilidades de emplearla para «asumir mejor los conocimientos», recibir explicaciones más sencillas de conceptos complejos y preparar ejercicios de entrenamiento.
La IA también se está convirtiendo en un asistente cotidiano. Al igual que antes se recurría a buscadores y redes sociales para resolver preguntas, ahora muchas consultas se dirigen directamente a sistemas conversacionales. Desde cuestiones prácticas hasta recomendaciones personales, estos asistentes están integrándose en las rutinas diarias.
A ello se suma su dimensión creativa. Los adolescentes pueden generar audio, imágenes, vídeos o videojuegos y experimentar con nuevas ideas. Flores destaca la posibilidad de «cocrear iterativamente e interactivamente con la IA y generar nuevas formas de imaginación».
Esta variedad de usos hace necesario distinguir entre una herramienta que potencia las capacidades personales y otra a la que se delegan tareas, decisiones o relaciones que requieren autonomía y criterio propio.
Desinformación, sesgos y pérdida de autonomía cognitiva
Entre los principales desafíos educativos se encuentran la desinformación y los sesgos algorítmicos. Los resultados de la IA no son necesariamente neutrales ni correctos y pueden reproducir estereotipos relacionados con el género, la raza, la etnia o la edad.
Flores advierte de que estos sesgos pueden influir en «la forma en que ellos también perciben el mundo». Además, señala que la IA puede utilizarse para condicionar o manipular, incluso en contextos más graves relacionados con los extremismos.
Otro riesgo especialmente relevante en el ámbito educativo es la delegación cognitiva. Cuando el alumnado pide a la IA que resuma, analice, priorice o resuelva una tarea sin participar activamente en el proceso, puede perder oportunidades de desarrollar habilidades fundamentales.
El entrevistado describe esta situación como «ese sedentarismo cognitivo que se produce cuando en vez de pensar, procesar información, analizar, resumir, priorizar, pues sencillamente pedimos, preguntamos a la IA y nos responde».
La rapidez de las respuestas puede generar, además, una confianza excesiva en ellas. Flores alerta de que, en ocasiones, se les atribuye «una categoría de válido universalmente». Por ello, uno de los objetivos de la educación digital debe ser enseñar a contrastar la información, cuestionar los resultados y utilizar la IA como apoyo al pensamiento, no como sustituto.
Cuando la IA se convierte en compañía o confidente emocional
La utilización de chatbots como compañeros, confidentes o incluso supuestos terapeutas constituye otra de las cuestiones que requieren atención. La disponibilidad permanente y la capacidad de mantener conversaciones pueden favorecer vínculos emocionales que es importante comprender y acompañar.
Flores expresa su preocupación por que estos sistemas se utilicen «como amigos de confianza o incluso yendo más allá, como psicólogos y terapeutas». El problema no se limita al tiempo dedicado a conversar con una máquina, sino que también afecta a la calidad de las relaciones y a las expectativas que se generan sobre ellas.
Como explica el director de PantallasAmigas, «ese vínculo humano que debían mantener y que te proporciona otro tipo de calidez y de calidad en las relaciones está viéndose sustituido precisamente por un chatbot».
El entrevistado también advierte de que estos sistemas pueden responder de forma complaciente, reforzando las ideas o expectativas de quien conversa con ellos. Los define como «una especie de cámara de eco de filtro burbuja» y recuerda que, aunque pueden adaptar sus respuestas al contexto, no ofrecen la reciprocidad de una relación humana.
«No es como una persona que te va a mirar a los ojos, que te va a dar una caricia o un abrazo en un momento determinado, o simplemente va a callar porque sabe que en ese momento no te debe decir aquello», señala.
Educar en este ámbito implica ayudar a reconocer los límites de la IA, favorecer las relaciones personales y evitar que estas herramientas sustituyan el apoyo de personas adultas de confianza o de profesionales cuando sea necesario.
Familias y docentes: acompañar desde la confianza
La llegada de la inteligencia artificial puede generar desconcierto entre las familias, que ya han tenido que afrontar los retos asociados a Internet, los teléfonos móviles y las redes sociales. Para Flores, la respuesta pasa por convertir esta nueva realidad en una oportunidad educativa compartida.
«La IA puede ser una oportunidad magnífica para establecer relaciones en torno a lo digital con el alumnado, con nuestros hijos o hijas, partiendo de su interés, de su conocimiento, aprovechando también de sus habilidades digitales», explica.
Las familias y el profesorado pueden proponer actividades, explorar herramientas conjuntamente y conversar sobre sus resultados. De este modo, no solo se aprende a utilizar la tecnología: también se incorporan valores, se desarrollan criterios para evaluar la información y se abordan los dilemas que surgen durante su uso.
Flores destaca que estas experiencias pueden dar lugar a «situaciones de aprendizaje» significativas, en las que ambas partes aprendan. El objetivo no es que las personas adultas conozcan todas las herramientas, sino que participen, escuchen y acompañen con una actitud abierta.
En este proceso, la confianza resulta fundamental. El director de PantallasAmigas propone que «la pantalla deje de ser como viene siendo, algo que separa a personas adultas y a personas menores».
Y añade una idea central para la educación digital: «Tenemos que hacer un esfuerzo por estar, por acompañar y por estar, como digo, a este mismo lado de la pantalla, porque desde la sugestión, desde la proximidad, se logra mucho más que desde el alejamiento y la confrontación».
Construir juntos una ciudadanía digital responsable
La inteligencia artificial presenta desafíos importantes, pero también ofrece oportunidades para crear, compartir conocimientos y establecer nuevas formas de colaboración. El reto educativo consiste en aprovechar ese potencial sin perder de vista la autonomía, el pensamiento crítico, el bienestar y las relaciones humanas.
Flores considera que la IA puede facilitar la creación de «nuevos espacios, nuevos lenguajes, nuevos canales, para que las personas podamos construir juntos». En ese horizonte, los saberes, las experiencias y los valores pueden confluir en proyectos que antes resultaban más difíciles de desarrollar.
Educar para el uso responsable de la inteligencia artificial significa, por tanto, aprender a utilizarla de manera consciente, contrastar sus respuestas, proteger la autonomía personal y mantener a las personas en el centro. No se trata únicamente de enseñar a manejar una herramienta, sino de acompañar a niñas, niños y adolescentes para que puedan aprovechar sus oportunidades y afrontar sus riesgos con responsabilidad.
Mejor Conectados: conversaciones para aprender y conectar
El proyecto MejorConectados de Telefónica, ofrece un espacio para acercarse a experiencias, ideas y reflexiones sobre cómo la tecnología influye en nuestras vidas y relaciones. A través de sus podcasts, permite escuchar conversaciones que ayudan a comprender los desafíos del entorno digital y a explorar nuevas maneras de aprovechar sus posibilidades. Estos contenidos complementan la reflexión sobre la inteligencia artificial y la importancia de promover una relación con la tecnología que contribuya al aprendizaje, al bienestar y a una convivencia digital más positiva.






























