El humor, las caricaturas y los memes forman parte de la comunicación cotidiana de adolescentes y jóvenes en Internet. Sin embargo, una nueva tendencia que se está extendiendo por los institutos está encendiendo las alarmas de centros educativos, familias y fuerzas de seguridad. Se trata de los conocidos como «curis», perfiles anónimos en redes sociales que publican dibujos, viñetas y memes sobre la vida escolar, utilizando como protagonistas al  profesorado y estudiantes de los propios centros educativos.

El fenómeno de los 'curis' en institutos, cuando las bromas virales se convierten en ciberacoso

El fenómeno de los ‘curis’ en institutos, cuando las bromas virales se convierten en ciberacoso

Lo que en muchos casos comienza como una forma de entretenimiento, una especie de humor interno compartido entre compañeros, puede terminar convirtiéndose en una herramienta para señalar, ridiculizar, difundir rumores y humillar públicamente a personas identificables. La viralidad de las publicaciones, la facilidad para crear imágenes mediante herramientas digitales y la falsa sensación de impunidad que proporciona el anonimato añaden nuevas dimensiones a un problema que puede traspasar las pantallas y afectar a la convivencia escolar.

¿Qué son los «curis»?

Los «curis» son perfiles creados principalmente en TikTok, aunque también pueden aparecer en otras redes sociales, que utilizan dibujos, caricaturas, memes y pequeñas historietas para representar situaciones cotidianas de un instituto o colegio.

Habitualmente, estas cuentas adoptan el nombre del centro educativo, sus iniciales o alguna referencia reconocible a su localidad. En ocasiones, incluso incorporan el logotipo oficial del instituto para identificarse y atraer a estudiantes de esa comunidad educativa.

Sus publicaciones suelen recurrir a situaciones que resultan familiares para el alumnado: profesores que ponen muchos deberes, exámenes inesperados, conflictos entre compañeros, anécdotas del recreo, comportamientos habituales en clase o situaciones divertidas que forman parte de la vida escolar.

Viñetas de cuentas curis difundidas en diferentes redes sociales

Viñetas de cuentas curis difundidas en diferentes redes sociales. Fuente: elpais

El formato permite que quienes conocen el centro reconozcan rápidamente a las personas y las circunstancias representadas. Precisamente, esa complicidad entre quienes comparten el mismo entorno educativo es una de las claves de su difusión.

No todos los «curis» tienen una intención ofensiva. Algunos se limitan a representar situaciones generales mediante un humor inocente, sin señalar a personas concretas ni vulnerar su dignidad. El problema aparece cuando las publicaciones dejan de reírse de situaciones compartidas para convertir a determinados profesores o estudiantes en protagonistas de burlas y ataques personales. En ese momento, el entretenimiento puede transformarse en una forma de exposición pública y hostigamiento.

Ejemplo de 'curi' amable publicado en la cuenta de 'curis' de un instituto en TikTok.

Ejemplo de ‘curi’ amable publicado en la cuenta de ‘curis’ de un instituto en TikTok. Fuente: elpais

El auge de los «curis»: una nueva moda viral en los institutos

Durante el comienzo del curso 2026-2027, estas cuentas han experimentado una notable expansión en centros educativos de diferentes comunidades autónomas. TikTok e Instagram se han convertido en los principales espacios de difusión de estas publicaciones. Su funcionamiento favorece que los contenidos circulen rápidamente entre estudiantes del mismo instituto y lleguen incluso a personas ajenas al centro.

La fórmula es sencilla: crear una cuenta con referencias al instituto, publicar ilustraciones sobre situaciones reconocibles y conseguir que el alumnado participe mediante comentarios, visualizaciones, seguidores y nuevas propuestas de contenido.

La posibilidad de mantener el anonimato también contribuye a su popularidad. Quienes administran estos perfiles pueden pensar que resulta difícil identificarles y que, por tanto, sus publicaciones no tendrán consecuencias.

Sin embargo, el alcance de estas cuentas va mucho más allá de una broma privada entre compañeros. Una caricatura que inicialmente se comparte entre estudiantes de una misma clase puede terminar circulando por diferentes grupos, acumulando comentarios y convirtiéndose en un motivo de señalamiento para la persona representada.

El fenómeno también reproduce una dinámica habitual de las redes sociales: cuanto más llamativo, provocador o polémico es un contenido, mayores pueden ser sus posibilidades de conseguir interacciones. Esto puede incentivar que algunas cuentas abandonen progresivamente el humor cotidiano para publicar contenidos cada vez más ofensivos.

Como han advertido responsables educativos y especialistas en convivencia escolar, el problema no es que los adolescentes hagan bromas sobre su instituto, sino que se normalice utilizar las redes sociales para humillar a otras personas.

Curis, inteligencia artificial y deepfakes: ¿qué papel desempeñan las nuevas tecnologías?

Uno de los elementos que explica la expansión de los «curis» es la facilidad con la que actualmente se pueden crear imágenes, caricaturas y montajes digitales sin necesidad de conocimientos técnicos. Las aplicaciones de edición gráfica, los generadores de imágenes mediante inteligencia artificial y las herramientas de manipulación fotográfica permiten producir ilustraciones en pocos minutos. Basta con una descripción, una fotografía o una referencia visual para obtener una representación de una persona en situaciones inventadas o exageradas.

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En algunos perfiles se utilizan dibujos de apariencia sencilla, similares a caricaturas realizadas con herramientas básicas de edición. En otros, las imágenes pueden ser más elaboradas y aprovechar recursos de inteligencia artificial para representar a profesores o estudiantes en determinadas situaciones.

Conviene diferenciar, no obstante, varias prácticas:

  • Caricaturas digitales: dibujos que exageran rasgos físicos o características personales para provocar humor o ridiculizar.
  • Imágenes generadas mediante IA: ilustraciones creadas a partir de instrucciones o fotografías de referencia.
  • Fotomontajes y manipulaciones: fotografías reales modificadas para situar a una persona en contextos que no se corresponden con la realidad.
  • Deepfakes: contenidos sintéticos que utilizan técnicas de inteligencia artificial para representar de forma convincente a una persona haciendo o diciendo algo que nunca ha hecho o dicho.

No todos los «curis» utilizan inteligencia artificial ni pueden considerarse deepfakes. Sin embargo, estas tecnologías amplían las posibilidades de creación y manipulación de imágenes, y pueden incrementar el potencial dañino de las publicaciones.

El riesgo es especialmente importante cuando se utilizan fotografías de menores o docentes sin autorización, se inventan situaciones comprometedoras o se atribuyen comportamientos falsos a personas identificables.

Una imagen aparentemente humorística puede terminar alimentando rumores, perjudicando la reputación de alguien o provocando situaciones de vergüenza y aislamiento. Cuando además se presenta una escena ficticia como si fuera real, la capacidad de manipulación del contenido aumenta considerablemente.

La inteligencia artificial no es, por tanto, el problema en sí mismo. La cuestión está en el uso que se hace de estas herramientas, especialmente cuando se emplean para vulnerar derechos, engañar o perjudicar a otras personas.

Cuando los «curis» ridiculizan al profesorado

Uno de los colectivos que está sufriendo las consecuencias de este fenómeno es el profesorado. Algunas cuentas publican caricaturas de docentes acompañadas de comentarios despectivos sobre su aspecto físico, su forma de impartir clase, su carácter o determinadas situaciones que se producen en el aula. En ocasiones, las publicaciones incluyen nombres y apellidos, fotografías o referencias suficientemente claras para que cualquier estudiante del centro pueda identificar a la persona representada.

También se han detectado insinuaciones sobre comportamientos profesionales o personales que pueden afectar seriamente a la reputación de los docentes. Especialmente preocupantes son los contenidos que sugieren conductas inapropiadas o que atribuyen a un profesor actuaciones que no están acreditadas. El problema no se limita a la publicación inicial. Las burlas pueden trasladarse al aula, convertirse en comentarios recurrentes entre estudiantes y dificultar la relación entre alumnado y profesorado.

Un mix de imágenes de 'curis' compartidos en centros de Málaga. TIKTOK

Un mix de imágenes de ‘curis’ compartidos en centros de Málaga. Fuente: elespanol

Además, el docente puede encontrarse con una situación especialmente complicada: descubrir que su imagen está circulando por las redes sociales y que personas de su entorno profesional y personal están accediendo a contenidos humillantes sobre él. El hecho de que se trate de una caricatura o de un meme no elimina el daño que puede ocasionar. Tampoco convierte automáticamente en legítima cualquier publicación bajo la justificación de la libertad de expresión o del humor. La crítica a una actuación docente y la sátira sobre situaciones escolares pueden formar parte de la convivencia y de la expresión de opiniones. Pero existe una diferencia entre cuestionar una práctica profesional y utilizar una plataforma para atacar personalmente a alguien, difundir falsedades o someterlo a una humillación pública.

Los alumnos también pueden convertirse en víctimas

El alumnado tampoco está al margen de este fenómeno. De hecho, las cuentas «curis» pueden utilizarse para señalar a estudiantes concretos y convertirlos en protagonistas involuntarios de publicaciones que llegan rápidamente a sus compañeros. Las burlas pueden centrarse en el aspecto físico, la forma de vestir, las capacidades intelectuales, la situación familiar, las relaciones personales o cualquier característica que pueda convertirse en motivo de mofa.

En otros casos, se utilizan apodos, fotografías, conversaciones privadas o situaciones personales para construir memes que exponen a un estudiante ante toda la comunidad educativa. La situación puede resultar especialmente dolorosa durante la adolescencia, una etapa en la que la aceptación social y el sentimiento de pertenencia al grupo tienen una importancia considerable.

Una publicación puede convertirse en el origen de comentarios en clase, miradas, risas, aislamiento o nuevas burlas. La persona afectada puede sentir que ha perdido el control sobre su propia imagen y que cualquier compañero puede haber visto o compartido el contenido. También existe el riesgo de que se produzca una segunda victimización: estudiantes que, además de sufrir las publicaciones, reciben críticas por quejarse, pedir que se retiren o comunicar lo sucedido a sus familias y al centro educativo.

En algunas cuentas incluso se ridiculiza a quienes alertan sobre los contenidos o colaboran para identificar a sus responsables. De esta manera, se intenta presentar la denuncia como una traición al grupo y se genera un entorno en el que resulta más difícil pedir ayuda. La gravedad no depende únicamente de la intención de quien publica. Una imagen que sus creadores consideran graciosa puede provocar un sufrimiento importante en la persona representada y afectar a su bienestar, autoestima y relaciones sociales.

La relación entre los «curis» y el ciberacoso

Para comprender por qué estas cuentas pueden convertirse en una forma de ciberacoso es necesario observar sus características. El ciberacoso no se define simplemente por la existencia de un comentario desagradable o una broma aislada. Hay que valorar el contexto, la intención, el contenido, la difusión, las consecuencias y la situación de la persona afectada.

En los «curis» pueden aparecer diferentes elementos que incrementan el riesgo de acoso:

  • Anonimato: quienes administran las cuentas pueden creer que no tendrán que responder por sus actuaciones.
  • Participación colectiva: los comentarios, las reacciones y los reenvíos pueden multiplicar la exposición de la víctima.
  • Difusión masiva: las publicaciones pueden llegar a cientos de personas y permanecer disponibles durante un tiempo prolongado.
  • Señalamiento público: se identifica a una persona concreta mediante su nombre, imagen, apodo o referencias reconocibles.
  • Humillación: se utilizan burlas sobre su aspecto físico, personalidad, capacidades o circunstancias personales.
  • Continuidad del daño: aunque se elimine una publicación, pueden existir capturas, copias y nuevas versiones que prolonguen la situación.

Una característica especialmente preocupante es que el acoso puede continuar fuera del horario escolar, ciberacoso. La persona afectada puede recibir comentarios y encontrarse con las publicaciones en cualquier momento, incluso cuando está en casa. Además, el contenido puede salir del entorno original. Una cuenta creada para un instituto puede terminar siendo conocida por estudiantes de otros centros, familiares y personas ajenas a la comunidad educativa.

Esto demuestra que la convivencia escolar ya no se limita a lo que sucede dentro del aula o durante el recreo. Las relaciones entre estudiantes y docentes también se desarrollan en espacios digitales, donde las acciones pueden adquirir una dimensión pública y persistente. Por eso, abordar los «curis» requiere trabajar tanto la prevención del acoso escolar como la educación para una ciudadanía digital responsable.

La Policía alerta de un nuevo ciberacoso causado por los «curis»

El 23 de octubre de 2026, la Policía Nacional publicó una advertencia específica sobre las cuentas «curis» y su utilización para ridiculizar y humillar a alumnado y profesorado.

La Policía distingue entre los contenidos humorísticos que no perjudican a nadie y aquellos que se utilizan para atacar a personas concretas mediante burlas sobre su aspecto físico, difusión de rumores o montajes vejatorios. También recuerda que estas conductas pueden afectar al bienestar de las personas señaladas y a la convivencia en los centros educativos.

Uno de los aspectos más relevantes de la advertencia es el relativo a las posibles consecuencias legales. Dependiendo de la gravedad y de las circunstancias, estas publicaciones pueden dar lugar a responsabilidades penales y civiles, incluidos posibles delitos contra la integridad moral o injurias graves.

El anonimato de una cuenta no impide que se investiguen los hechos ni que sus responsables puedan responder por ellos. Tampoco es suficiente justificar una publicación como una broma para evitar que se valore el daño ocasionado. La Policía recomienda conservar las pruebas, denunciar los contenidos en las plataformas y comunicar lo sucedido a las personas adultas de confianza y a los centros educativos.

Cinco casos concretos de «curis» que han generado problemas y denuncias en España

La expansión de este fenómeno ya ha provocado actuaciones policiales, denuncias, investigaciones y medidas disciplinarias en diferentes puntos del país. Estos son cinco ejemplos documentados en medios de comunicación durante octubre y noviembre de 2026:

  1. La Rioja: denuncias en Fuenmayor y Nájera. En el IES Francisco Tomás y Valiente, de Fuenmayor, un docente denunció publicaciones que insinuaban comportamientos inapropiados hacia alumnas. En el IES Rey Don García, de Nájera, la dirección y varios profesores también acudieron a la vía legal por contenidos ofensivos. Noticia del 23 de octubre de 2026, Primeras denuncias en institutos de La Rioja por los “curis” de TikTok tras derivar en difamaciones y burlas.
  2. Murcia: investigación de dos cuentas de TikTok. Las direcciones de los institutos Miguel de Cervantes, en Murcia, y Marqués de los Vélez, en El Palmar, presentaron denuncias ante la Policía Nacional por publicaciones que ridiculizaban y vejan a docentes y estudiantes. La Policía abrió una investigación sobre los grupos responsables. Noticia del 23 de octubre de 2026, Investigados dos grupos de TikTok de alumnos de Murcia que se mofan de docentes y compañeros.
  3. Málaga: primeras expulsiones y sanciones. Varios institutos de la provincia comenzaron a aplicar medidas disciplinarias contra estudiantes relacionados con estas cuentas. Los centros también impulsaron actuaciones de concienciación dirigidas al alumnado y las familias. Algunos casos llegaron a la Policía Nacional. Noticia del 27 de octubre de 2026, Primeras expulsiones en institutos de Málaga por las cuentas ‘curis’ de TikTok.
  4. Castellón: intervención policial y comunicación a Fiscalía. La aparición de cuentas «curis» relacionadas con distintos institutos de la provincia llevó a la Policía Nacional a iniciar una investigación. El IES Violant de Casalduch, de Benicàssim, puso los hechos en conocimiento de la Fiscalía. Algunas publicaciones identificaban a docentes por sus nombres y apellidos. Noticia del 28 de octubre de 2026, La Policía Nacional inicia una investigación por la aparición de cuentas ‘Curis’ que exponen a profesores y alumnos de centros educativos de Castellón.
  5. Sevilla: alerta de los Agentes Tutores. Los Agentes Tutores de la Policía Local de Sevilla alertaron sobre la presencia de perfiles «curis» que difundían caricaturas vejatorias de docentes y estudiantes de diferentes centros educativos de la ciudad. La intervención se enmarca en las actuaciones de prevención de la convivencia y el acoso escolar. Noticia del 5 de noviembre de 2026, Los Agentes Tutores de la Policía Local de Sevilla alertan sobre el fenómeno de los ‘curis’ en institutos.

Estos casos son sólo una muestra de los cientos que reflejan que no se trata de una situación aislada ni limitada a un único territorio. La preocupación se extiende por diferentes comunidades autónomas y está obligando a los centros a revisar sus estrategias de prevención y respuesta ante las conductas de acoso en redes sociales.

¿Qué hacer si somos víctimas de los «curis»?

Si un alumno, una alumna o un docente descubre que está siendo objeto de burlas, caricaturas ofensivas o publicaciones humillantes en una cuenta «curi», es importante actuar con rapidez, pero sin responder impulsivamente ni contribuir a aumentar la difusión del contenido.

La Policía Nacional recomienda una serie de actuaciones que pueden ayudar a detener la situación y facilitar una posible investigación.

  1. Conservar las pruebas: Guardar capturas de pantalla de las publicaciones, comentarios y mensajes relevantes. Es importante que aparezcan el contenido, la fecha y el perfil desde el que se ha difundido. También conviene conservar el nombre de usuario y los enlaces directos a la cuenta y a las publicaciones.
  2. No compartir ni alimentar las burlas: Aunque se quiera denunciar lo sucedido, reenviar los memes a otros grupos o publicarlos en otras redes puede aumentar su alcance y prolongar la humillación. Las pruebas deben conservarse y compartirse únicamente con las personas y organismos que necesiten conocerlas.
  3. Comunicarlo a una persona adulta de confianza: Si la víctima es menor de edad, debe contar lo sucedido a sus familiares, tutores u otras personas adultas de confianza. Es importante evitar que tenga que afrontar la situación en soledad o que sienta vergüenza por pedir ayuda.
  4. Informar al centro educativo: La dirección, el equipo de orientación y las personas responsables de convivencia deben conocer lo ocurrido para valorar la situación y activar, cuando corresponda, los protocolos de prevención e intervención frente al acoso escolar y el ciberacoso.
  5. Denunciar el contenido en la plataforma: TikTok, Instagram y otras redes sociales disponen de mecanismos para denunciar publicaciones, perfiles y comportamientos que vulneran sus normas. Una vez conservadas las pruebas, es conveniente comunicar los contenidos y bloquear las cuentas implicadas.
  6. Acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Cuando existen amenazas, humillaciones graves, difusión de información personal, montajes vejatorios o situaciones que pueden constituir un delito, las personas afectadas y sus familias pueden acudir a la Policía Nacional o a la Guardia Civil para denunciar los hechos.

En el caso de menores, también se puede solicitar orientación especializada a través de los recursos de ayuda en ciberseguridad y protección de la infancia, como la Línea de Ayuda en Ciberseguridad de INCIBE, en el teléfono gratuito 017.

Es importante recordar que no hay que esperar a que la situación empeore para pedir ayuda. La intervención temprana puede evitar que una publicación se convierta en el origen de un problema de convivencia mucho más amplio.

Educar para que el humor no se convierta en una herramienta de acoso

El fenómeno de los «curis» plantea un desafío que va más allá de una moda pasajera de TikTok. Pone de manifiesto cómo las dinámicas de relación entre adolescentes, las herramientas digitales y la viralidad de las redes sociales pueden transformar una broma aparentemente inofensiva en una experiencia de humillación pública.

La respuesta no debería consistir únicamente en prohibir estas cuentas o castigar a quienes las administran. Aunque las medidas disciplinarias y, cuando corresponda, las actuaciones legales son necesarias, también resulta fundamental trabajar sobre las causas y las conductas que hacen posible este tipo de situaciones.

Las familias tienen un papel importante en el acompañamiento y la educación digital de sus hijos e hijas. No se trata solamente de supervisar qué aplicaciones utilizan, sino de ayudarles a comprender las consecuencias de sus acciones, desarrollar empatía y asumir responsabilidades por los contenidos que crean y difunden.

Los centros educativos, por su parte, necesitan incorporar estas formas de violencia digital a sus actuaciones de prevención y convivencia. Es importante que el alumnado comprenda que las normas básicas de respeto también se aplican en Internet y que las relaciones digitales forman parte de la convivencia escolar.

En definitiva, el problema no son los memes, las caricaturas ni el humor, sino utilizarlos para convertir a otras personas en objeto de humillación. Aprender a distinguir entre reírse con alguien y reírse de alguien es también una parte esencial de la educación para una convivencia digital positiva, segura y respetuosa.