• El estudio «Uso de la inteligencia artificial generativa entre la adolescencia y la juventud en España» elaborado por Mayansi, detecta que el 93,8 % de los adolescentes y jóvenes españoles ha utilizado alguna vez herramientas de IA generativa, principalmente para buscar información (76,9%) y resolver dudas (69,7%).
  • Aunque su uso está muy extendido, las competencias críticas son todavía limitadas: solo el 40,8% suele verificar las respuestas y el 36,8% sabe qué son los sesgos.
  • La IA también empieza a ocupar espacios personales: el 21,8% la utiliza para pedir consejo sobre asuntos personales.
  • El 81,8% quiere aprender más sobre IA, lo que evidencia una oportunidad para impulsar una alfabetización que permita utilizarla de forma crítica, responsable y segura. 
"Uso de la inteligencia artificial generativa entre la adolescencia y la juventud en España", Estudio Mayansi 2026

«Uso de la inteligencia artificial generativa entre la adolescencia y la juventud en España», Estudio Mayansi 2026

La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en una herramienta cotidiana entre adolescentes y jóvenes en España. Su utilización se extiende rápidamente, también entre quienes tienen menos edad, y comienza a incorporarse a actividades tan diversas como buscar información, resolver dudas, hacer tareas escolares, crear contenidos, planificar viajes o incluso pedir consejo sobre asuntos personales.

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Así lo pone de manifiesto el estudio “Uso de la inteligencia artificial generativa entre la adolescencia y la juventud en España”, elaborado por Mayansi, liderado por María Lázaro Ávila, CEO & Cofundadora, a partir de las respuestas de 1.314 personas de entre 10 y 25 años residentes en España. El estudio tiene carácter exploratorio y diagnóstico, no pretende ser representativo en sentido estricto, pero permite identificar tendencias y patrones relevantes sobre cómo se está incorporando la IA generativa a la vida cotidiana de las nuevas generaciones.

La principal conclusión apunta a un cambio de escenario: la brecha ya no está tanto en el acceso a la inteligencia artificial como en la calidad del uso que se hace de ella. El 93,8 % de las personas participantes afirma haber utilizado alguna vez herramientas de IA generativa. Pero, al mismo tiempo, los resultados muestran importantes carencias en aspectos esenciales para un uso seguro y responsable: verificar las respuestas, consultar las fuentes, comprender los sesgos o reconocer las limitaciones de estas herramientas.

El dato que resume esta paradoja es especialmente significativo: mientras la IA está ampliamente incorporada a sus prácticas cotidianas, el 81,8 % de quienes ya la utilizan manifiesta interés en aprender más sobre ella.

Una tecnología ya normalizada desde edades tempranas

El 93,8 % de las personas encuestadas declara haber utilizado alguna vez una herramienta de IA generativa, frente al 6,2 % que nunca lo ha hecho. La penetración es especialmente elevada entre quienes tienen entre 14 y 17 años, donde alcanza el 96,8 %. En el grupo de 18 a 25 años llega al 94,5 %, mientras que incluso entre las personas de 10 a 13 años alcanza el 88,9 %.

No se trata únicamente de haberla probado. El uso frecuente es mayoritario: el 71,3 % de quienes utilizan IA generativa afirma hacerlo todos los días o varias veces a la semana. La frecuencia aumenta además con la edad: alcanza el 46,4 % entre los 10 y 13 años, el 79,4 % entre los 14 y 17 y el 84,2 % entre los 18 y 25.

La evolución resulta reveladora. En las edades más tempranas la IA aparece más vinculada a la curiosidad, el juego y la creatividad. Durante la adolescencia gana peso como herramienta académica y, en la juventud, amplía sus funciones hasta convertirse también en un asistente para organizar actividades, tomar decisiones o mejorar la productividad.

La rapidez de esta incorporación plantea una cuestión educativa fundamental: muchas personas adolescentes ya están utilizando estas herramientas antes de haber recibido una formación específica sobre cómo funcionan, cuáles son sus límites y qué riesgos pueden presentar.

Buscar información y resolver dudas: el principal uso

Frente a la imagen de una IA utilizada fundamentalmente para generar textos o hacer trabajos escolares, los datos muestran que su principal función es otra: consultar.

El 76,9 % de las personas usuarias encuestadas utiliza la IA generativa para buscar información, mientras que el 69,7 % recurre a ella para resolver dudas y obtener explicaciones sobre temas complejos. La IA se convierte así en una especie de interlocutor al que se puede preguntar directamente y que ofrece respuestas inmediatas.

Ranking de usos de la IA generativa

Ranking de usos de la IA generativa

También tienen un peso importante los usos académicos. El 49,1 % afirma utilizarla para corregir o revisar trabajos propios y el 47,0 % para realizar tareas escolares o de estudio.

Aquí aparece una de las principales oportunidades, pero también una de las tensiones educativas del fenómeno. La IA puede facilitar la comprensión, generar ejercicios, plantear preguntas de examen o ayudar a repasar contenidos. Pero también puede convertirse en un mecanismo para sustituir parte del esfuerzo intelectual que debería realizar la propia persona.

El propio estudio identifica en las respuestas abiertas usos que apuntan a una aplicación pedagógica interesante: jóvenes que piden a la IA que genere ejercicios, preguntas tipo examen o dinámicas de repaso. La cuestión, por tanto, no es únicamente si se utiliza IA para estudiar, sino qué papel ocupa dentro del proceso de aprendizaje.

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De la creación de imágenes al consejo personal

Los usos varían considerablemente según la edad. Entre los 10 y 13 años destaca especialmente la creación de imágenes, vídeos o música, utilizada por el 44,7 %, incluso por encima del uso para tareas escolares. La IA funciona en este grupo como espacio de exploración, entretenimiento y creatividad.

Entre los 14 y 17 años adquiere mayor protagonismo académico: el 77,6 % la utiliza para resolver dudas y el 55,2 % para corregir trabajos.

Entre los 18 y 25 años el uso se diversifica y aparecen con mayor fuerza funciones relacionadas con la productividad, la planificación, la toma de decisiones y la vida personal.

Precisamente uno de los resultados que más invita a la reflexión es que el 21,8 % de adolescentes y jóvenes utiliza la IA para pedir consejo sobre asuntos personales. Entre quienes tienen entre 10 y 13 años, lo hace algo más de una de cada siete personas.

Además, quienes recurren a la IA para obtener consejo personal presentan un uso mucho más intensivo: el 88,5 % la utiliza todos los días o varias veces por semana. Y el 46,1 % de quienes piden consejo personal también la utiliza para tomar decisiones importantes, una proporción 5,2 veces superior a la del resto de usuarios.

Este dato no significa que la IA esté sustituyendo necesariamente a las personas de referencia, pero sí muestra que empieza a ocupar un espacio de orientación y validación personal. Por ello resulta especialmente importante trabajar la diferencia entre consultar una herramienta y delegar en ella decisiones que requieren criterio personal, acompañamiento adulto o apoyo profesional.

¿Qué valoran de la inteligencia artificial?

El atributo que más valoran no es que haga las cosas por ellos, sino que les ayude a comprender conceptos y temas complejos. Esta característica es señalada por el 54,6 % de las personas encuestadas.

Después aparecen la rapidez de las respuestas, mencionada por el 48,7 %, la disponibilidad permanente, con un 40,9 %, y el ahorro de tiempo y esfuerzo, con un 36,9 %. También un 23,5 % destaca que les ayuda a aprender cosas nuevas y un 22,7 % que facilita la planificación y estructuración de trabajos.

Lo que más les gusta de las herramientas de IA generativa

Lo que más les gusta de las herramientas de IA generativa

La percepción cambia con la edad. Entre los 10 y 13 años el valor del ahorro de tiempo y esfuerzo es señalado por el 17,9 %, mientras que entre los 18 y 25 años alcanza el 55,3 %. La IA pasa así progresivamente de ser una herramienta asociada a la exploración a convertirse en un recurso de productividad.

ChatGPT, puerta de entrada a la IA 

El ecosistema de herramientas utilizado tampoco está repartido de forma homogénea. ChatGPT es utilizado por el 97,3 % de quienes recurren a la IA, lo que lo convierte prácticamente en la puerta de entrada universal a esta tecnología.

¿Cuál de estas herramientas de ia has usado alguna vez?

¿Cuál de estas herramientas de ia has usado alguna vez?

A continuación aparecen Canva, con un 59,4 %, Gemini, con un 52,8 %, Copilot, con un 28,1 %, y DeepSeek, con un 19,5 %. La media es de 3,09 herramientas utilizadas por persona, lo que indica que una parte importante no se limita a una única plataforma, sino que combina diferentes servicios según sus necesidades.

El gran reto: utilizar la IA sin dejar de cuestionarla

Aquí se encuentra probablemente uno de los resultados más relevantes del estudio.

Solo el 40,8 % afirma que suele verificar las respuestas proporcionadas por la IA. Otro 41,4 % lo hace únicamente algunas veces y el 17,8 % nunca las comprueba.

Entre quienes tienen de 10 a 13 años la situación es todavía más preocupante: solo el 33,6 % suele verificar las respuestas y el 22,2 % nunca lo hace. Además, entre quienes utilizan IA diariamente, únicamente el 39,1 % verifica sistemáticamente las respuestas.

El problema se hace todavía más evidente cuando se pregunta por las fuentes. El 49,4 % nunca pregunta a la IA qué fuentes ha utilizado, mientras que solo el 22,7 % lo hace siempre.

Entre las personas de 10 a 13 años, el 54,7 % nunca pregunta por las fuentes y únicamente el 15,4 % lo hace siempre. El estudio encuentra además una relación clara entre ambas prácticas: entre quienes siempre preguntan por las fuentes, el 62,0 % también verifica siempre las respuestas.

Por tanto, saber utilizar una IA no equivale necesariamente a saber relacionarse críticamente con ella.

Los sesgos: una competencia todavía poco extendida

Otro de los déficits identificados es el conocimiento sobre los sesgos de la inteligencia artificial.

Solo el 36,8 % afirma saber qué son. Un 48,2 % reconoce que no lo tiene claro y un 15,0 % directamente no sabe qué son. En otras palabras, apenas una de cada tres personas encuestadas posee un conocimiento claro sobre una cuestión fundamental para interpretar críticamente las respuestas de un sistema de IA.

Las diferencias por edad son importantes. Entre los 18 y 25 años, el 57,8 % afirma conocer los sesgos, mientras que entre las edades más jóvenes predominan el desconocimiento o la falta de claridad.

El estudio sintetiza estas dimensiones mediante un Índice de Pensamiento Crítico Digital, construido a partir de tres variables: verificación de respuestas, consulta de fuentes y conocimiento de sesgos. La media obtenida es de 3,19 sobre 6.

El 41,7 % se encuentra en un nivel de pensamiento crítico considerado incipiente; el 19,3 % en desarrollo y solo el 20,1 % presenta un perfil crítico consolidado. En el extremo contrario, el 13,9 % se sitúa en un nivel crítico nulo.

Hay además un dato especialmente significativo: quienes conocen qué son los sesgos obtienen un índice medio de pensamiento crítico de 4,34, frente al 2,82 entre quienes no lo tienen claro y al 1,59 entre quienes no los conocen.

La formación, por tanto, aparece como una de las posibles palancas para mejorar la capacidad crítica.

¿Qué riesgos perciben?

Las principales preocupaciones no se concentran únicamente en el impacto personal. La desinformación mediante imágenes, vídeos o audios falsos encabeza el listado, con un 46,8 %, seguida por el uso indebido de datos personales, con un 45,4 %, y la destrucción de empleo, con un 36,9 %.

Otros riesgos reciben menos atención: el 29,1 % menciona la reducción de la capacidad creativa, el 24,7 % la dependencia tecnológica y el 18, 1% el ciberacoso. El impacto medioambiental aparece en último lugar, señalado por solo el 12,8 %.

Lo que más les preocupa de la IA generativa

Lo que más les preocupa de la IA generativa

El estudio identifica así una diferencia relevante: adolescentes y jóvenes parecen reconocer mejor los riesgos colectivos, como la desinformación o el empleo, que aquellos relacionados directamente con su propio desarrollo cognitivo, emocional o formativo.

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Precisamente aquí existe un campo importante para la educación digital: comprender que el riesgo no reside únicamente en lo que una IA puede hacer a otras personas o a la sociedad, sino también en cómo su uso puede modificar nuestros propios procesos de aprendizaje, creatividad, autonomía y toma de decisiones.

Quieren aprender más, pero no siempre saben cuánto les falta por aprender

Existe una respuesta especialmente positiva ante este desafío: la mayoría quiere formación.

El 81,8 % de quienes utilizan IA manifiesta interés en aprender más. El 56,1 % considera importante aprender a fondo cómo funcionan estas herramientas y el 25,7 % quiere al menos adquirir conocimientos básicos para utilizarlas mejor. Solo el 9,5 % no tiene ningún interés en aprender y el 8,6 % considera que ya sabe suficiente.

El estudio detecta, sin embargo, una paradoja: quienes consideran que ya saben suficiente no son necesariamente quienes presentan mayores competencias críticas. De hecho, muestran un índice de pensamiento crítico inferior al de quienes quieren aprender en profundidad y conocen menos los sesgos.

Esto apunta a un riesgo de “falsa suficiencia”: sentirse competente utilizando una herramienta no significa comprender cómo funciona, cuáles son sus limitaciones o cómo comprobar la calidad de sus respuestas.

Nueve propuestas para pasar del uso a la competencia

A partir de los resultados, el informe plantea nueve recomendaciones y propuestas:

La primera es incorporar la alfabetización crítica en IA al currículo escolar obligatorio desde Primaria, de manera transversal y progresiva. Se propone trabajar cuatro ejes: funcionamiento de los sistemas de IA, sesgos, verificación de información, y privacidad y ciberseguridad.

La segunda consiste en establecer un programa nacional de formación continua en IA para docentes, con diferentes niveles de capacitación: usuario crítico, integrador pedagógico y formador de formadores.

También se propone una estrategia específica para reducir la brecha de género en el uso de IA generativa, especialmente en Bachillerato y FP, incorporando referentes femeninos y vinculando la competencia en IA con la orientación hacia ámbitos STEM.

Otra propuesta es crear un marco de calidad para las herramientas de IA destinadas a uso educativo, con garantías relacionadas con la protección de datos de menores, la transparencia, la ausencia de mecanismos que fomenten un uso compulsivo y la disponibilidad de mecanismos de reporte parental y docente.

El informe plantea además desarrollar un protocolo de orientación para el uso emocional y personal de la IA, que permita abordar en los centros educativos la diferencia entre consultar a una herramienta y delegar en ella decisiones personales.

A ello se suma un programa de acompañamiento familiar, con materiales informativos, talleres prácticos y recursos para que las familias puedan abordar el fenómeno sin necesidad de convertirse en expertas en inteligencia artificial.

El estudio también recomienda una campaña específica sobre la huella ambiental de la IA, una plataforma pública de recursos educativos con materiales para centros, familias y alumnado y, finalmente, la creación de un Observatorio Permanente del Uso de IA en Población Joven que permita disponer de datos periódicos y actualizados.

El reto no es aprender a usar la IA, sino aprender a utilizarla con criterio

Los datos dibujan una situación que requiere algo más que enseñar a manejar nuevas herramientas. La inteligencia artificial generativa ya está presente en la vida cotidiana de adolescentes y jóvenes. La utilizan para informarse, comprender, estudiar, crear, organizarse y, en algunos casos, buscar orientación personal. La cuestión ya no es si tendrán contacto con estas tecnologías, sino qué competencias tendrán para relacionarse con ellas.

El 93,8 % de uso contrasta con un 40,8 % que verifica habitualmente las respuestas, un 36,8 % que afirma conocer los sesgos y un índice medio de pensamiento crítico digital de 3,19 sobre 6. Al mismo tiempo, el 81,8 % manifiesta interés en aprender más.

Este contraste ofrece una oportunidad. La demanda de conocimiento existe y también existe un amplio margen para desarrollar competencias.

La alfabetización en inteligencia artificial no debería limitarse, por tanto, a enseñar qué herramientas existen o cómo formular mejores instrucciones. Implica aprender a cuestionar, contrastar, identificar sesgos, proteger la privacidad, reconocer las limitaciones de los sistemas y mantener la capacidad de decidir por uno mismo.

En definitiva, el objetivo no debería ser formar adolescentes y jóvenes que simplemente sepan utilizar la IA, sino personas capaces de decidir cuándo utilizarla, para qué, cómo comprobar lo que proporciona y cuándo no conviene delegar en ella.

Porque si la brecha digital de ayer estaba relacionada con el acceso a la tecnología, los datos de este estudio apuntan hacia una nueva brecha: la que separa a quienes utilizan la inteligencia artificial de quienes, además, comprenden sus límites y saben relacionarse con ella de manera crítica, responsable y segura.

Descargar PDF: Estudio uso IA entre adolescencia y juventud en Espanña_Mayansi  

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