• Según un estudio de las Universidades de San Francisco y Michigan, el 81% de los bebés tiene presencia en redes sociales antes de los seis meses
  • PantallasAmigas proporciona las consideraciones necesarias para realizar un sharenting responsable con las imágenes de los menores en las redes sociales

Sharenting responsable

Se denomina sharenting a la práctica de compartir en Internet las imágenes de hijos e hijas. El término se forma de la conjunción de las palabras en inglés share (compartir) y parenting (crianza).

El deseo de compartir momentos entrañables o la satisfacción de mostrar a nuestros hijos e hijas a las personas que apreciamos han hecho que las redes sociales se pueblen de fotografías y vídeos de los pequeños de la casa. Es algo comprensible, un sentimiento bonito. Sin embargo conviene reflexionar sobre esta práctica tan extendida porque tiene no pocos aspectos delicados.

Según el estudio “Not at the dinner table: parents and children’s perspectives on family technology rules”, elaborado por las Universidades de San Francisco y Michigan, aporta datos preocupantes sobre el sharenting: el 56% de los padres comparte información potencialmente vergonzosa de sus hijos, el 51% proporciona datos con los que puede localizárseles y un 27% cuelga fotos directamente inapropiadas.

Tal y como comenta Jorge Flores, Director de PantallasAmigas, “cada caso es diferente porque la edad del menor, el tipo de imagen, la plataforma y el modo de compartición son factores muy relevantes a la hora de determinar si la práctica del sharenting puede ser inapropiada”. Por eso, comenta “cualquier padre, madre, tutor o guardador legal de un niño, niña o adolescente debe tener en cuenta estas diez consideraciones que pueden desaconsejar el sharenting”.

1.- Tienes la obligación de cuidar su imagen e intimidad, no el derecho de hacer uso arbitrario de ella. Las personas menores de edad tienen igualmente sus derechos que además deben ser protegidos de forma especial.

2.- Tu hijo o hija no gana nada con la publicación de las imágenes. Aunque puede que tampoco le afecte negativamente, el saldo rara vez será positivo.

3.- Puede haber otro criterio válido pero diferente sobre qué y cómo se comparte. Especialmente cuando los progenitores no forman pareja, el sharenting puede ser motivo de conflicto.

4.- Es posible que no conozcas bien cómo estás compartiendo esas imágenes. No es fácil entender y gestionar la lógica y los cambios de gestión de privacidad de las redes sociales.

5.- Existen otras formas más controlables para compartir imágenes. Es necesario limitar con quién se desea realmente compartir la información y utilizar la plataforma adecuada, como por ejemplo el email o la mensajería instantánea.

6.- Habitualmente se comparte más información que la que se aprecia a simple vista. Una imagen inocente puede contener detalles de contexto importantes e incluso datos de geolocalización.

7.- Al compartir las imágenes con otras personas, ellas pueden asumir que no son tan privadas. Sin mala intención, de forma directa o indirecta, pueden expandir el alcance e incluso hacerlas públicas.

8.- Lo que publicas escapa de tu control para siempre. Cuando algo aparece en una pantalla, es susceptible de ser capturado y reutilizado.

9.- Compartir imágenes de otras personas sin su consentimiento es inadecuado. No es un buen ejemplo para otros miembros de la familia ni para el hijo o hija interesado cuando vaya creciendo.

10.- En ocasiones extremas puede comprometerse la seguridad de miembros de la familia. En algunos casos de ciberacoso sexual de menores las víctimas son amenazadas con daños a hermanos menores.

Las redes sociales son una buena herramienta cuando el uso que se hace de ellas está controlado y se hace de forma responsable. Por lo tanto, tenemos que tener en cuenta que es importante realizar un sharenting responsable que, considerando los factores mencionados, podemos concluir que en raras ocasiones se produce.